Los tres juanes devotos de la caridad del cobre, navegaban por el mar cuando una tormenta de agua les alcanzó, se vieron perdidos y ahogándose estaban cuando llamaron por ella apretando con fuerza su reliquia. Se les apareció en la canoa, los salvó a los tres, a Juan odio, a Juan indio y a Juan esclavo y les dijo estas palabras:
“Sabed mis queridos hijos
que yo soy la reina y madre de Dios Todopoderoso:
y los que creen en mi gran poder
y sean devotos míos,
siempre conservarán mi estampa en una reliquia
para que le acompañe, y con ésta estarán libres
de toda cosa mala, estarán libres de muerte repentina...
no podrá morderle ningún perro con rabia,
ni ninguna clase de animales malos...
estarán libres de accidentes
y aunque una mujer esté sola
no tendrá miedo a nadie,
porque nunca verá visiones de ningún muerto,
ni cosas malas diciendo esto:
